sábado, 6 de abril de 2013

La gestión de conflictos, poder y violencia en el ámbito social

La mayoría de nosotros -la sociedad, como concepto abstracto- sabe que está sometida bajo los designios de un régimen disfrazada de una forma más o menos benigna. En etapas de mayor inestabilidad económica y social, como a la que asistimos en estos momentos, esa careta democrática se resquebraja.

En este contexto, puntualizaré varios factores importantes a tener en cuenta:

-En primer lugar, en toda sociedad y subgrupos sociales, es esencial la gestión de la violencia por uno o varios líderes que se encarguen de administrar el uso de la fuerza para mantener un orden al que el resto, con más o menos intensidad y periodicidad se someten formalmente.

En este sentido me parece importante destacar que es un elemento fundamental, -esa gestión y administración de la violencia-, inherente a toda sociedad humana y mayoritariamente, del mundo animal, si bien con muchos matices en este último caso.

-En segundo lugar, junto a ese liderazgo que supone ostentar la administración, gestión e incluso regulación de la violencia debe ir aparejado una satisfacción proporcionalmente considerable de la satisfacción de las necesidades básicas -alimento, sexo/reproducción, comunicación- del grupo social.

-En tercer lugar es un rasgo mayoritario en las sociedades más avanzadas tecnológica y económicamente hasta ahora una inoculación cultural del deber (y el derecho según los casos) de someternos a determinados entes políticos y económicos mediante la abstracción del ente democrático.

Pese a que en realidad esta suerte de "contrato social" hecho para con el pueblo, que supuestamente afirma y protege en base al respaldo popular, busca el equilibrio en la gestión de la tríada violencia-legitimidad-orden para dar un sentido al status político, pese a que sea patente la filtración de la incompetencia y corrupción de los miembros del gobierno frente a la necesidad de satisfacer unas determinadas demandas sociales en un tiempo especialmente dado como el de la crisis económica actual.

-Además de todo esto cabe resaltar que, profundizando en las sociedades del hasta ahora llamado "Primer Mundo", de un modo u otro, se ha hecho una especie de equilibrio de poderes con la alternancia entre dos o más partidos políticos que, según los tiempos y percepciones sociales, se alternan en la toma del poder. Lo curioso de este factor es que además del equilibrio dualista de que se suele hacer uso, en estas sociedades, un partido cae del poder cuando es tan manifiesta la incompetencia y corrupción que el ambiente social hace inadmisible su continuidad en el poder si no es por medio de trucos o trampas legales y/o políticas.

No obstante, según mi percepción actual, sólo en determinados regímenes políticos del norte y centro de Europa realmente hay un Estado que se acerca a la idea primigenia y pura de Democracia, entendida como el poder del pueblo en sentido fáctico y participativo. Pero incluso aquí la gestión por la sociedad de las decisiones políticas tiene cortapisas para no deslegitimar la propia existencia y justificación de la clase política.

Por otra parte añadir dos factores como contrapesos del poder público estatal: esto es, el poder financiero, o de los mercados, elemento clave o fundamental desde hace mucho tiempo para regular las intromisiones políticas e incluso coaccionar y coligarse con el poder estatal para la satisfacción de sus necesidades dentro de su status y la perpetuación dentro del sistema político, económico y social, esto es, a todos los niveles dentro del mundo social, a nivel local, nacional e internacional. Ni que decir tiene que estas esferas político económicas han sabido sustraerse y mantener sus privilegios mayoritarios frente al régimen legal establecido en la mayoría y resto de clases sociales (clase media, media-alta, baja, media-baja).

Además de este macropoder económico de los mercados (Bancos, Bolsa, Empresarios, Inversores) tenemos subgrupos sociales que, en casi todos los sentidos, procuran jugar de forma independiente a las reglas de juego legales, en la búsqueda de satisfacción de sus intereses (más dinero, más poder...) y estos, por lo general suelen ser condenados por las élites políticas como elementos perjudiciales para la sociedad, denunciándolos mediáticamente y pese a que muchas veces no hacen sino las mismas actividades que los políticos -sin la parte de publicidad mediática- y de forma incluso menos perjudicial, pero eso sí, más arbitraria. Con estos grupúsculos, a menudo, mastodónticos me refiero a sistemas de poder paralelo que procuran ser independientes dentro del Estado (la Mafia, las organizaciones criminales nacionales e internacionales, los gitanos, los terroristas, etc). Todos ellos no se subyugan al poder del Estado y por ello el Estado los margina y los persigue aunque en determinados casos, como las mafias rusa e italiana, están inclusas dentro de los propios sistemas públicos estatales como forma de supervivencia y perpetuación).

En definitiva, este equilibrio de poderes mediante la gestión de la violencia mantiene un cierto orden social y de forma darwiniana, busca perpetuarse a base de vivir mayoritariamente a costa de los réditos de la clase media que sigue confiada pero cada vez más escéptica en un mantenimiento de los derechos sociales, cosa que a mi modo de ver, nos diferencia si no de todos en abstracto, de la mayoría de razas del reino animal, en definitiva, lo que nos hace humanos, es este complejo entramado social poroso pero todavía estamental pese a las cortinas de humo político-culturales.


pd. En la próxima ocasión contaré cómo, a través de determinados elementos de distracción social y fiscal, consiguen mantener a los elementos sociales discordantes dentro de unos parámetros de adoctrinamiento y borreguismo que consigue perpetuar el status quo.

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