Así, las cosas dada la ingente cantidad de horas e información con la que se ha bombardeado desde los medios, y con esa aceptación tácita y expresa de tener la categoría de antitaurino, regalada como un paquete bomba por la otra parte, los auténticos antitaurinos, los maestros de la tortura, no queda más remedio que partir con ese rol inicial, pero sin nunca perder de vista poco a poco que hay que virar el rumbo de esta fragata, hacia una auténtica y real calificación de las palabras. Ahora, es mucho más fácil asociar a un taurino (las personas que están a favor de los toros, no de las corridas, como los ecologistas, veganos, etc,) a lo que el público medio, ese que sólo se nutre de lo que dicen en la tele, vé en los auténticos defensores del toro, una especie de disidencia resistente, molesta, que se cuela en los tranquilos actos del ciudadano para incordiar, para llamar la atención con un fondo teñido de sangre, pero nada más lejos de la realidad.
No hay más intención que concienciar de un problema, que pudiendo ser mayor o menor que otros, cada cual con su escala de valores, es necesario cambiar en una España que a veces esta demasiado clavada en el pasado y tradiciones que debían haber dejado de existir hace mucho tiempo por crueles, anacrónicas y hasta contradictorias con la ley. Porque, ¿justifica una tradición el que aunque esté bien prohibido matar perros, gallos, y cualquier otro animal con ánimo de divertimento y carácter sanguinario, y por contra el toro sea excluido por razón de su raza?
A partir de ahora cambiaré la calificación a la que es la verdadera calificación inicial, lanzada como respuesta inicial e inapelable desde la atalaya del sentido común.
No somos antitaurinos, estamos a favor del toro, somos antitoreros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario